MUJERES QUE RECUPERARON LA DIGNIDAD DE EMPRENDER

 TESTIMONIOS BELLISIMOS DE MUJERES QUE  ABANDONARON SUS OFICIOS DE CARTONERAS Y SE ANIMARON A EMPRENDER

  En la Villa 31 y la 31 Bis, de la ciudad de Buenos Aires, cientos de niñas y niños fueron apartados de la recolección de residuos, una de las peores formas de trabajo infantil. Sus madres encaran pequeños emprendimientos para sustituir el trabajo de cirujeo, obteniendo microcréditos a través de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). (Por Alejandra Waigandt)

 Como cada martes, un grupo de personas de la Villa 31 y la 31 Bis conversan sobre la marcha de los pequeños emprendimientos que llevan adelante desde que abandonaron la comercialización de residuos como el cartón o el plástico. Se reúnen en el comedor barrial Nuestro Derechos, situado en el centro de la Villa 31, aledaña al Puerto de Buenos Aires. Es uno de los pocos merenderos que ha escapado a la imposición de las y los delegados barriales y punteros de las distintas fuerzas políticas que conviven en dicho asentamiento.

Entre quienes emprenden hay más mujeres que varones. Ellas tienen entre cuatro y cinco hijos, pero hay casos en que el número asciende a nueve. Todas son migrantes y vienen de Bolivia, Paraguay y Perú, aunque también hay mujeres de otras provincias argentinas. El futuro de esos hijos fue el motivo que llevó a estas personas de muy bajos recursos a poner en marcha emprendimientos como lavanderías, talleres textiles, verdulerías, kioscos, almacenes y una pizzería. Para lograrlo debieron adherir a una política de microcréditos establecida por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo y la Cooperación Andina de Fomento.

Natalia Calla, de 25 años, confecciona camperas. Con el crédito obtenido compró una máquina de coser industrial. Tiene tres hijos adolescentes, una mujer y dos varones, y en 2007 nació su cuarto hijo. Arribó a Argentina en 2006 con el objetivo de crecer como artista, ya que en Bolivia, su país de origen, había conseguido el título de técnico superior en Bellas Artes, daba clases, pintaba y dibujaba. ‘Vine porque quería traer mi arte a este lugar y salir adelante, pero lamentablemente no pude por los papeles. No tengo un título de bachiller. Para mí es un problema’, explica. Leer mas

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